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Ejercicio físico, una herramienta fundamental para prevenir comorbilidades en el aislamiento

El 20 de marzo de este año la vida de gran parte de la población dio un giro importante e inesperado. La llegada de la pandemia del coronavirus a la Argentina provocó que muchas personas tengan que cambiar el concurso diario de su vida, pasando a estar mucho más tiempo en sus casas, encerrados y aislados por las medidas de seguridad sanitaria, y llevado el trabajo también hacia sus hogares.

El encierro no solo produjo estrés y daños en la salud mental de un importante número de la sociedad, sino que también, hizo que mucha gente deje de moverse y, en algunos casos, de ejercitarse. Con los gimnasios y clubes cerrados en muchas provincias y durante un largo periodo de tiempo en lo que todavía dura el aislamiento o distanciamiento social, la imposibilidad de realizar alguna actividad física se volvió aún más grande.  

“Esta situación de pandemia y aislamiento, ha puesto de manifiesto que la gran mayoría de la población requiere de programas de entrenamiento para minimizar las comorbilidades o las enfermedades crónicas no transmisibles, que están instaladas en nuestra sociedad” nos decía Romina Gonzalez, docente y decana de la Universidad del Gran Rosario en una entrevista que realizamos semanas atrás. 

“El principal problema de las enfermedades crónicas no transmisibles es que tienen una carga de más del 23 % de las muertes en este país debido a la obesidad, diabetes, hipertensión, los ACV, tienen todos como factor en común que es el sedentarismo por un lado, el hábito de estar mucho tiempo quieto y, por otro lado, la falta de actividad física, que parece que fuera lo mismo, pero tiene una connotación diferente”, destacaba también.

Diferentes estudios e investigaciones han visto una importante relación entre la tasa de población que practica una actividad deportiva o ejercicio físico y posee en menor medida o no posee enfermedades, en este caso, las denominadas no transmisibles. Organizaciones y entes mundiales sobre salud y actividad física vienen advirtiendo sobre los riesgos que trae el llevar una vida sedentaria.  

En este sentido, Romina decía que “Hay personas que tienen un trabajo que es sedentario, en la radio, docentes que están una hora sentados frente a un curso, un oficinista, eso es sedentarismo”, pero, agregaba que “de pronto te haces lugar para una vez por día salir a entrenar, a caminar, a correr o hasta el gimnasio, bueno ese es tu nivel de actividad física. Hay poblaciones que son sedentarias y además no realizan actividad física, y ahí es donde entra el mayor problema”.

La Organización Mundial de la Salud ha presentado un plan en el año 2018 con el objetivo de reducir la tasa de actividad física en el mundo. El denominado “Plan de acción mundial sobre actividad física 2018-2030: Más personas activas para un mundo más sano”, busca ser una herramienta que otorgue a los países posibles vías para reducir la inactividad física en adultos y adolescentes en un 15% para 2030.

En 2019 se publicó la 4º Encuesta Nacional sobre Factores de Riesgo del Ministerio de Salud de la Nación, el cual arrojó que en el 44% de la población encuestada prevalecía una tasa de actividad física baja, que aunque es un porcentaje importante, es menor al de la edición anterior a este relevamiento (2013) que manifestaba que el 55% de la población era sedentaria.

Sobre cómo romper con el sedentarismo, la licenciada y especialista en Kinesiología del Deporte de la UGR, afirmaba que hay muchas propuestas, por ejemplo, decía que “si estoy en mi casa o en una oficina, tratar de poner alguna alarma si no lo tengo tan presente para pararme, caminar unos metros, volver a sentarme, trabajar parado, a lo mejor una mesa alta para poder estar trabajando en la computadora de pie, eso tiene un valor energético que es superior a estar sentado, y buscar una actividad física o deportiva que a uno le agrade hacer, porque la verdad que para poder crear adherencia a un programa de entrenamiento, uno tiene que empezar a encontrarle un gusto, tal vez de primer momento uno no lo pueda lograr, porque, estás agitado, cansarse, que te duelan los músculos porque te activaste, necesitamos un tiempo de adaptación, que cuando esto pasa realmente uno empieza a encontrar el disfrute de los beneficios reales que tiene en el entrenamiento”.  

Por último, destacaba que como primera medida, habría que intentar adaptar la situación laboral o de ocio de estar sentado, “que al menos se lo haga parado, para tener una frecuencia cada media hora, cada una hora levantarse, caminar, ir y volver un par de veces dentro de la oficina o dentro de donde tengas instalada la computadora y, tratar de adquirir algunas pautas de un momento del día donde uno pueda dedicarle tiempo para salir a hacer una actividad, si no se puede al aire libre, dentro de la casa”.

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