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Un estudio de la UCA refleja cómo varió el porcentaje de jóvenes argentinos que llegan a la universidad

En los últimos 13 años disminuyó el porcentaje de chicos que no terminan el secundario y aumentó la proporción de aquellos que ingresan a la universidad. Pero esto no implica que la terminarán: es probable que uno de cada cuatro o cinco jóvenes que actualmente se encuentran cursando estudios superiores no logren finalizarlos. “No es un proceso de vida lineal ni carente de barreras socioeconómicas”, afirma un estudio del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (UCA) que analiza las posibilidades de acceso y logro educativo superior de la población de 18 a 24 años con residencia en áreas urbanas a nivel nacional.

El porcentaje de jóvenes de ese grupo etario que no terminaron la secundaria se redujo de 46,5% en 2010 y al 32,7% en 2023, mientras que aquellos que están cursando o ya finalizaron sus estudios superiores aumentó de 30,8% a 38%. Se observa, a la vez, un aumento de los jóvenes que, si bien terminan el secundario, no continúan o abandonan estudios superiores. En el mencionado lapso de tiempo, este universo pasó de 20,1% a 26,4%.

Actualmente, el 40,9% de los jóvenes de entre 18 y 24 años estuvieron o están participando en estudios superiores: 2,9% ingresaron y abandonaron, 35,2% continúan estudiando y 2,8% finalizó con éxito. De los que aún mantienen la cursada, no todos habrán de terminar el nivel: a manera de ejercicio comparativo, las cohortes de edades subsiguientes registran una tasa casi constante de abandono de al menos 22%, según el informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina. Es probable entonces que uno de cada cuatro o cinco jóvenes de la cohorte actual no logre graduarse. Podría esperarse al aplicar esa tasa de riesgo, según apunta el estudio, que un 9% del grupo no termine. Si esto fuese así, esta cohorte generará casi 32% de egresados del nivel superior.

“Si bien hay en esta generación una mayor tasa de participación en el nivel de estudios superiores, es de esperar que no todos logren finalizar. ¿Cuántos van a terminar? Aproximadamente entre el 75-80% de los que ingresan. Pero el consecuente abandono de entre 20-25% no es aleatorio, esta sesgado económica y socialmente, al igual que la calidad en la formación terciara o universitaria que logran los egresados”, dijo Agustín Salvia, director del observatorio.

Reproducción intergeneracional

Los datos muestran una tendencia a la reproducción intergeneracional de los logros educativos del jefe del hogar sobre los jóvenes que habitan en él.

Casi la mitad de los chicos que viven en un hogar donde el jefe de familia no finalizó el secundario, tampoco lo hacen: apenas un 29% lo termina. A la vez, solo un 22,1% ingresa a la universidad.

Mientras que en aquellos hogares donde el jefe tiene hasta secundario completo, el porcentaje de quienes no finalizan ese nivel de estudios se reduce a 20,6% y el de aquellos que acceden a la universidad aumenta a 52,5%.

En aquellos hogares donde el jefe cuenta con estudios universitarios, el porcentaje de los que no finalizan el secundario se reduce marcadamente al 13%. También disminuye la proporción de quienes solo llegan a completar el secundario (17,1%), en tanto quienes acceden a cursar estudios superiores alcanzan el 69,9%.

Influye además si esos jóvenes viven en pareja. Para ciertos sectores socioeconómicos representa una barrera de acceso o continuidad educativa. Mientras que un 30% de los jóvenes entre 18 y 24 años que no viven en pareja no finalizaron el secundario, entre aquellos que viven en pareja el porcentaje aumenta al 49,3%. Lo mismo sucede entre aquellos que finalizan el secundario, pero no continúan cursando: aumenta del 25,7% al 31,4%.

“Si bien es baja la proporción de jóvenes de 18 y 24 años unidos o casados, es evidente que la responsabilidad económica o doméstica de constituir un núcleo conyugal recorta la continuación de los estudios; por el contrario, la postergación de compromisos conyugales favorece el éxito educacional”, afirma el informe escrito por Eduardo Donza, María Rosa Cicciari y Rodrigo Jara Álvarez.

Tuvieron en cuenta los datos de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec referida al total urbano de la Argentina que, en 2023, incluyó una muestra de 76.213 personas y 26.286 hogares.

En ese sentido, la situación económica de las familias es un “factor clave” en el acceso educacional. Según el informe de la UCA, entre los jóvenes que residen en hogares no pobres disminuye la incidencia de los que no finalizaron el secundario (22,1%) y aumentan los que cursan estudios superiores (42,6%), sumado a quienes lograron finalizar sus estudios terciarios o universitarios (4,3%).

En cambio, entre los jóvenes que habitan hogares en situación de pobreza superan el 40% aquellos que no terminan el secundario y rondan el 25% quienes abandonan la universidad. En los hogares indigentes solo el 23,5% cursan estudios superiores, mientras que en los pobres lo hacen el 28,3%.

Sexo y lugar de residencia

El análisis también apunta que los esfuerzos del sistema educativo tendrían que focalizarse, entre otras cosas, en la continuidad de los estudios superiores de los varones y, sobre todo, en evitar su abandono en el nivel secundario. Los datos muestran que son menos las mujeres que abandonan el secundario (27%) que los hombres (37%) y, asimismo, hay mayor proporción de mujeres cursando en la universidad (41,6%) que varones (29,4).

Se repite la tendencia al analizar quiénes finalizan esta etapa: egresan antes de los 25 años el 3,4% de las mujeres y solo el 2,3% de los varones.

En tanto, al analizar la variable geográfica, si bien no se observan diferencias significativas entre las distintas regiones de la Argentina y los accesos educativos de los jóvenes, es evidente que la región del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) es la que registra el menor porcentaje de población de 18 a 24 años que no finaliza el secundario (28,2%), mientras que el resto de las regiones del país tienen valores que oscilan entre el 33,5% y el 38,4%.

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