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Universidades del país trabajan para lograr la presencialidad inclusiva

Distintas universidades del país están construyendo estrategias y acciones de accesibilidad para sus estudiantes luego de dos años de enseñanza virtual por la pandemia de coronavirus, con el objetivo de revertir algunos obstáculos que encontraron personas con discapacidad en la presencialidad y así mejorar la gestión pedagógica.

«En las sociedades contemporáneas es necesario considerar la situación de las personas con discapacidad o de condiciones neuro diversas a partir de las variables de desigualdad social y diversidad cultural, a fin de comprenderla en su complejidad», dijo Miryam Bidyeran, a cargo de la Dirección de Inclusión y Accesibilidad de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

Por eso la institución sostiene «un paradigma de la ‘educación inclusiva’ que está direccionada hacia la defensa de los derechos humanos y se opone a todo tipo de segregación y exclusión».

En el mismo sentido, se expresó Marcela Méndez, coordinadora ejecutiva de la Red Interuniversitaria de Discapacidad (RID) del Consejo Interuniversitario Nacional (CIN), quien explicó que desde las áreas y programas de accesibilidad y discapacidad de cada universidad se profundizaron los acompañamientos y asesoramientos al personal docente y a estudiantes.

«Se visibilizó la necesidad de interpelar las formas únicas y rígidas de cómo se enseña, se aprende y se acredita el conocimiento en la Universidad», dijo, para plantear estrategias de accesibilidad a distintas plataformas educativas, a materiales bibliográficos y recursos tecnológicos de asistencia.

Desde la experiencia como estudiantes universitarios con discapacidad Daniela Do Santos, Mo’ámmer al-Muháyir y Emiliano Taborda defendieron la idea de una presencialidad inclusiva o la posibilidad de seguir cursando de forma mixta para garantizar el acceso a las tecnologías necesarias y la conectividad.

Daniela tiene 34 años, vive en el partido bonaerense de Florencio Varela y cursa el quinto año de Trabajo Social en la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ).

«La cursada presencial antes de la pandemia exigía un esfuerzo extra, no se habla por turnos, se hacen acotaciones y hay mucho ruido visual», dijo Daniela, una persona sorda oralizada que además rescató el programa Google Meet que permite «poner subtitulado en tiempo real».

Para Daniela, la mayor dificultad para encontrar intérpretes de Lengua de Señas que guíen las clases. «No hay muchos con vocabulario académico, por lo que no son reemplazables fácilmente», apuntó.

Daniela, que iniciará las clases el lunes, comentó que en la universidad ya tiene intérprete asignado y que está contactando a cada profesor para explicar la dinámica y consultar su método para poder adaptarlo.

En este sentido, desde la UNR señalaron que a partir de la experiencia de la virtualidad comenzaron a utilizarse barbijos transparentes o máscaras para que las y los estudiantes con discapacidad auditiva que están oralizados puedan hacer labiolectura en clases.

Verónica Rusler, coordinadora del área de Discapacidad de la Universidad de Buenos Aires (UBA), admitió que hubo dificultades para pensar nuevas estrategias pedagógicas, pero detalló herramientas que se pusieron a disposición de los estudiantes

Mo’ámmer, quien tiene 46 años y vive con síndrome de Asperger junto a su pareja en Mallín Ahogado, a 15 kilómetros de El Bolsón, estudia Letras en la Universidad Nacional de Río Negro (UNRN).

«Mi perfil de síndrome de Asperger involucra hipersensibilidad sensoriales, especialmente la auditiva, y en los salones de clase las sillas son metálicas y robustas. Hay gente que quiere acomodarse sin levantarse de la misma, arrastrándola, y eso rechina, provocando un sonido agudo que parece que me clavaran una aguja en el oído», dijo Mo’ámmer sobre su experiencia.

Esto lo llevaba a tratar de sentarse cerca del profesor y, en lo posible, no escuchar todo lo que pasa detrás, «con los tapones de los oídos puestos».

Por su parte, Emiliano, que tiene una discapacidad visual y le faltan tres materias y la tesis para terminar la licenciatura de Trabajo Social de la Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales en UNR, resaltó que pudo trabajar cómodo con plataformas de videoconferencias durante la pandemia.

«Está bueno trabajar para que más personas tengan derecho al uso de las tecnologías y la conectividad para en un futuro poder complementar la virtualidad con lo presencial», analizó el joven de 30 años que vive en Capitán Bermúdez.

Al respecto, Méndez señaló que «la experiencia de virtualización durante la pandemia visibilizó la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran la mayoría de les estudiantes con discapacidad, la oportunidad de poner en juego nuevas estrategias o figuras institucionales (como la interpretación de Lengua de Señas Argentinas) y la necesidad de incluir tecnología para habilitar otras formas de enseñar y estudiar».

«Es imprescindible para asegurar operativamente el derecho a la Educación Superior, que se tomen las decisiones políticas y académicas -a nivel nacional y en cada universidad – en pos de institucionalizar políticas, programas, procesos, estrategias y apoyos sostenidos en el tiempo», añadió. 

Fuente: Télam

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